Tres generaciones separan a Don Antonio Fluxá de sus nietos. Lo que comenzó en el taller del abuelo sigue vivo en cada par que hoy lleva el nombre Lottusse: un gesto aprendido, una forma de mirar, una manera de hacer que no se escribe en ningún manual.
El legado no se enseña.
Se transmite. Maribel Fluxá y Aina Fluxá, forman parte respectivamente de la cuarta y quinta generación de Lottusse.
Mi abuelo, Antonio Fluxá,
nunca montó pero le
fascinaba la nobleza y elegancia de los caballos,
y me transmitió ese amor hacia ellos.
Hoy puedo decir que los caballos no son solo una parte de mi vida, son
una parte de mí. Han estado presentes en mi crecimiento, en mis
aprendizajes, en mis emociones.
Me han ayudado a convertirme en quien soy, gracias a mi madre y siguen acompañándome
en quien quiero ser.