Caminar es Humano

Caminar es Humano

Caminar es Humano

Yo querría ser un árbol si no fuera porque ellos no caminan. Los árboles son majestuosos, pueden ser más longevos que nosotros, más inteligentes de lo que torpemente creemos y posiblemente saben ser felices; pero ellos no caminan. La humanidad no habría llegado tan lejos sin estos apéndices de nuestro cuerpo que denominamos pies. El bipedismo, tan decisivo para la evolución humana, nos ha proporcionado unas manos que han devenido icono para nuestra especie, pero los pies siguen estando ahí. Con ellos nos sostenemos, nos movemos, y, lo que es tan o más importante, hacemos camino.

Los pies es aquello que nos mantiene, que nos pone en relación directa con la tierra, con la realidad. Y el andar hace que el espacio que pisamos sea momentáneamente nuestro. Cuando caminamos sabemos que no es lo mismo hacerlo sobre el asfalto que sobre un pulido piso de madera, sobre la hierba, la arena o el agua en la orilla del mar. Y somos mucho más conscientes de estas diferentes sensaciones cuando lo hacemos descalzos, cuando dejamos que sea la superficie sobre la que pisamos la que nos toque directamente la piel.

A veces pensamos que caminar simplemente significa llegar, pero es mucho más que esto. Caminando sentimos todo aquello que nos envuelve ante nuestro paso, algo que no experimentaríamos igual si usáramos otros medios de locomoción. Caminar es conocimiento, con ello nos relacionamos con el mundo que nos rodea. Y es que caminar también es reflexión. Cuando andamos, los pensamientos nos llegan a nosotros sin apenas llamarlos. Nietzsche nos aconsejaba desconfiar de cualquier pensamiento que no hubiera nacido al aire libre, caminando.

El caminar es tan importante para nosotros que, directa o indirectamente, literal o metafóricamente, hace acto de presencia a menudo en el habla cotidiana: "dejar huella", “dar los primeros pasos”, “dime con quién andas y te diré quién eres”... Pero también se constituye él mismo en lenguaje. En el lenguaje no verbal se atribuye una gran importancia a piernas, pies y por ende también al caminar porque así como somos bien conscientes de los gestos y movimientos que realizamos con la cara o con las manos, y por lo tanto cuando interesa los cuidamos, los movimientos que efectuamos con las piernas escapan más fácilmente a nuestro control. Según los expertos, pasos cortos señalan personas de carácter más bien introvertido, mientras que los grandes son propios de personas extravertidas. El pisar fuerte siempre se ha atribuido a una persona con carácter. Resulta fácil observar que hay tipos muy diferentes de andares.

Los hay más pesados, atléticos y rudos frente a otros de aire más ligero, delicado y elegante. Los hay más masculinos y más femeninos; más flemáticos y calmados frente a otros más vivaraces e impulsivos. Estas diferentes formas de caminar aportan información directa sobre la personalidad y estado de ánimo del viandante. Pero además, debemos tener muy presente que el caminar, de la misma manera que la forma de sentarse o el nadar, constituye una técnica corporal y por lo tanto está también moldeado por la cultura. Es algo que de manera inconsciente se aprende desde la más tierna infancia y no depende, por ello, solamente de la personalidad. Así, por ejemplo, en Japón, la tradición marca que la mujer camine con pasos cortos y con las puntas de los pies hacia dentro, y en muchas poblaciones africanas de zonas rurales se anda con el cuerpo completamente erguido, relajado y efectuando pasos más bien largos.

“Caminar es símbolo de humanidad”


Por lo general, en las ciudades se camina de forma más rápida que en contextos rurales. Mientras que en algunos países surasiáticos y norteafricanos dos hombres pueden pasear dándose la mano, en otros, esta manera de caminar está considerada como una conducta totalmente inapropiada. Y cuando hablamos de caminar, no nos referimos tan solo al movimiento corporal intrínseco sino también a cómo gestionamos el espacio que nos rodea cuando lo hacemos. Al andar por la ciudad calculamos el espacio entre los transeúntes alterando si conviene la velocidad o alcance de nuestro paso, medimos las distancias, evitamos interferir entre personas que caminan juntas… Somos lo suficientemente duchos para no colisionar con los otros cuerpos, para evitar todo rozamiento o incluso esquivar las miradas directas a los ojos de los transeúntes con los que nos cruzamos.

Pero además de caminar según patrones de personalidad o cultura también adoptamos formas de caminar más conscientemente expresivas y que están pensadas para situaciones concretas. Son, por ejemplo, aquellos andares que buscan atraer la atención: El caminar solemne de aquella persona que alardea de autoridad en determinadas ceremonias, el caminar ostentativo de quien persigue que en él o ella confluyan las miradas, el caminar lento y con paso seguro del agente de policía que patrulla por las calles, el caminar humilde de aquella persona que se acerca a los transeúntes para pedirles limosna, el caminar sensual que combina un estudiado movimiento de piernas y cadera, el caminar plenamente profesional de la modelo de pasarela...

El valor expresivo del caminar hace que también sea un elemento constitutivo de no pocos rituales en múltiples culturas. Uno de los más difundidos es el de las procesiones de carácter religioso o los peregrinajes a lugares de culto. Pero el caminar en grupo no tan solo constituye una muestra de devoción u homenaje sino que también sirve para protestar o reivindicar, tal como es el caso de las numerosas manifestaciones ciudadanas que se convocan por doquier.

Caminar es símbolo de humanidad, tanto es así que en el siglo XVIII, al tener los europeos conocimiento de los orangutanes de Borneo y Sumatra, algún ilustrado les atribuyó condición humana por la circunstancia, entre otros aspectos, de que caminaban de forma similar a la nuestra. La historia de la humanidad se ha hecho en muy buena parte caminando. En realidad, es así como se han colonizado continentes, a pie, mediante las grandes migraciones desde que el homo sapiens emergió de las sabanas africanas. Caminar es decididamente humano.


Texto: Josep Martí
Fotografía: Adobe Stock / Francisco Fonteyne

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